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Terra
La Coctelera

No sé si ahora soy feliz... la verdad es que no lo intento

Se intuye una tarde tranquilita, escuchando lo nuevo de Ismael Serrano y de Calamaro mientras llueve en mi ventana. No espero más de la tarde, no quiero pedirle nada más... quizá asoma el deseo de una recibir una llamada que probablemente no llegará, pero prefiero no pensarlo, prefiero no esperar ya nada de ti y lo digo en el mejor de los sentidos, no es por enfado ni nada, es para evitar decepciones.

En dos semanas cambio de vida supongo, por fin se podrá decir que vivo en Madrid... si antes encuentro piso claro. Y no me importara sentirme sola, no me importara echarte de menos, ni sentir que he tirado los tres últimos años de mi vida porque estaré tan ocupada que no tendré tiempo para pensar lo triste que puedo estar...

como tantas veces...

Llevaba días sin hablar con él, sabía que algo
no marchaba bien, pero tenía miedo de presionarle y empeorar las cosas. Trataba
de quitarle importancia pensando que sólo era un mal momento, que tenía mucho
trabajo...

Siempre había sido así, desde que empezaron a
salir el trabajo era lo primero...

Era detallista, cariñoso, alegre... siempre que
el trabajo no le quitara tiempo.

Al principio trató de verlo como una virtud y
una ventaja, un chico tan trabajador, responsable ¡y además guapo! de esos
quedaban pocos..., pero con el paso del tiempo el trabajo exigía más y más y en
su tiempo libre otras actividades se anteponían a ella, el deporte que tanto le
relajaba, el salir con los amigos a los que casi no podía ver, el ejercer de
hijo/ hermano para asuntos familiares... y lo peor es que a él parecía no
importarle.

Él ya no llamaba y cuando respondía a las
llamadas de ella las conversaciones eran muy cortas y apresuradas. Ella no
entendía nada, el lunes probablemente le vería... y ahí pasaría su relación a
examen o lo que quedaba de ella... No quería cometer los mismos errores que otras veces, pero tenía
miedo de cambiar.